El Ponte Vecchio, símbolo florentino

Uno de los mejores recuerdos que guardo de Florencia es el Ponte Vecchio. Es difícil escoger un lugar de aquella ciudad toscana por lo mucho y bello que hay que ver, de modo que tampoco me atrevería a decir de este puente que sea el mejor, pero sí que es admirable por lo que desprende, por las extrañas sensaciones de nostalgia y calidez que allí se tienen.

La primera imagen que tuve del puente fue desde uno de los pasillos de la Galería de los Uffizi. Uno de los laterales de este museo da precisamente al río Arno, el mismo que pasa bajo el puente, y un poco más a su derecho se avista, desde uno de los ventanales, el Ponte Vecchio. Las vistas son muy buenas y se convierten en un lugar ideal para tomarle una foto.

Este puente destaca no sólo por lo histórico, sino por las antiguas y tradicionales tiendas que forman parte de la propia construcción del mismo, y también por ser uno de los primeros puentes en que se comenzó la tradición de poner candados para sellar el amor de una pareja.

Originariamente, allá por el siglo XIII, estaba construido en madera; sin embargo, una inundación en el año 1333 lo destruyó por completo. Doce años después fue Tadeo Gaddi quien se ocupó de la tarea de reconstruirlo haciéndolo esta vez en piedra.

Los cinco arcos iniciales con que contaba quedaron en solo tres mientras que se ensanchó ampliando así la parte central.

Los cambios históricos no acabaron ahí, si bien no arquitectónicamente, sí en su fisonomía.

Aquel puente de piedra es el que hoy se conserva pero sin embargo las tiendas que hoy día podemos ver en su interior comenzaron a venderse a particulares en el siglo XV. Carniceros, pescaderos y verduleros fueron sus primeros habitantes que luego fueron reemplazados básicamente por joyeros un siglo después, en el XVI.

La idea era dar una imagen más digna y limpia a aquel puente que poco a poco se convertía en el corazón del tránsito florentino. Sin embargo, fue la decisión de uno de los mecenas de Florencia, un Médici, Cosimo I, la que sentenció la presencia de aquellas primeras tiendas de alimentación.

El por entonces Duque de Florencia quería usar el puente para conectar el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti. Contrató por ello a un afamado escultor y arquitecto, Giorgio Vasari, para que diseñara un corredor que pasara por el centro del puente. Y claro, lo primero habría de ser desalojar a los antiguos comerciantes para evitar la suciedad y los malos olores.

Hoy día, este Puente, el más famoso de Florencia  y uno de los más bellos y famosos de todo el mundo, es parte del corazón florentino, uniendo al casco histórico con la otra ribera del río Arno.

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